El siglo 16 en su plenitud fue en no pocos aspectos el inicio de nuestra propia era. El hombre, al contemplar la Naturaleza, se consideraba a si mismo como su principal objetivo y su particular centro de atención. Con arreglo de este criterio, el hombre era centro de la Naturaleza. Para Aristóteles, el hombre era un animal social; para Fernel, medico del siglo 16 , el hombre era ante todo una criatura con alma inmortal..
Toda la humanidad estudia bajo una u otra forma, la Naturaleza, un hombre cualquiera la hace por imperativo vital. Un producto de la naturaleza ha sido centro de interés mas que ningún otro; el cuerpo humano.
El estudio y la preocupación por el cuerpo humano determinan en gran medida la concepción medica de la Naturaleza, decía Galeno, medico del emperador Estoico, no es si no el cuerpo humano el que da el supremo testimonio de la grandeza del poder celestial.
Quince siglos mas tarde, el robusto y anciano medico Lussaud, de la corte del Grande Monarca, se siente ultrajado por la tesis de Descartes según la cual “Dios creo el cuerpo humano, la estructura viva de uno de nosotros, tan solo a partir de materia y sin dotarlo de un alma, y solo en su corazón luce un fuego débil como el que calienta al agua, o hace fermentar el vino”.
¿QUE POSICION OCUPA A FERNEL ENTRE UNO Y OTRO?
Para Fernel, la vida era un principio alojado en el cuerpo. Ese principio no formaba una unidad con el cuerpo, lo que hacia el cuerpo era consecuencia de la activación por ese principio interno, su “vida”.
Una vez establecido esto, se deducían otras cosas; deducciones sin prueba experimental, es cierto.
El principio vital humano penetraba en el cuerpo desde el exterior en el momento preciso, de una vez, y, a partir de ahí, el individuo iniciaba una existencia independiente de la vida materna.
Este principio, o alma, venia hasta el cuerpo desde las estrellas. Al morir ese principio vital, o al menos esa parte identificada con el cerebro racional, abandonaba el cuerpo para regresar a la región celestial de procedencia.
Mirando lo escrito hasta ahora o la historia en su conjunto, parecerá insignificante la retrospectiva de quince generaciones y, sin embargo, es suficiente para comprobar el cambio de tendencia; considerando así los hechos, en la figura de Fernel se esbozan ya indicios del crepúsculo final. Preguntarse por el principio de la vida es preguntarse algo sobre lo que proverbialmente se obtiene una respuesta satisfactoria.
Cuando en el siglo 17 aparece el microscopio, la CELULA esperaba ser descubierta. Nuestro medico-filosofo Fernel, escribía apenas un siglo antes que se puede dividir y subdividir un trozo de víscera cuantas veces se quiera sin que este deje de ser víscera, piel, músculo, etc.
En una palabra, un trozo pequeño de músculo siempre era identificable como músculo en porciones más pequeñas.
El microscopio le habría decepcionado en este sentido, mostrándole que, traspasado el límite de la capacidad visual del ojo desnudo, las vísceras, los músculos y todas las partes del cuerpo se descomponen en pequeñas unidades estructurales que, aunque características en cada caso, son fundamentalmente de un mismo tipo.
Robert Hooke, miembro de la Royal Society y uno de los primeros observadores al microscopio, dio a estas unidades el nombre de CELULAS.
Prácticamente todas las partes del mundo animado, individualmente visibles al ojo desnudo están constituidas por células.
Pero ocurre que Fernel, sin culpa, por mucho que mirara no podía llegar al análisis celular de los seres vivos, menos disponer de procedimientos de análisis químicos.
La química como tal no existía, no se conocían los elementos químicos, y los elementos de los tiempos de Fernel eran los cuatro de la antigüedad clásica: tierra, aire, fuego y agua .Como decía Fernel desconsolado: “Estos no se reconocen en el cuerpo por observación, sino por” excogitacion”
El microcopio reservaba aun otra sorpresa sobre la Naturaleza viva.
Hasta entonces, seguía siendo desconocido una clase de ser animado, porque su entidad era demasiado para el ojo humano .El microscopio revelaba un mundo de cosas vivas tan pequeñas, que resultaban invisibles sin su medición.
Con cuanto asombro los primeros observadores comprobaron que el principio vital era algo intrínsico a seres tan diminutos, aquellas partículas invisibles al ojo humano.
Era una afrenta al sentido de proporción del hombre: que una gota de agua contuviera miles de vidas individuales les hacia pensar que anulaba la propia viva.
Pero los hechos fueron confirmándose. Aquellas formas microscópicas nadaban, se movían, se alimentaban, respondían a una increíble variedad de formas, cada una de ellas era un ser vivo especifico.
La geología es historia, la evolución y la propia ast
Anomia han contribuido a su estudio.
Una idea que surge actualmente cuando pensamos en las células es que, en cierto momento de la historia del planeta, tras la aparición de la vida bajo la estratosfera, debió existir un periodo en el que esa estructura microscópica organizada llamada célula, semilla tan importante de la vida, pues hay que descartar, por ser excesivamente complejo, el que esta naciera ya completamente estructurada.
Además, el comportamiento de esta pequeña unidad vital tiene que haber adquirido en alguna parte y en algún momento la propiedad para contribuir a la coherencia de la cooperación organizada.
Todos al principio de nuestra vida individual somos microscópicos y unicelulares. Por la multiplicación de esa célula y por la coherencia de su progenie, adquirimos el tamaño y la forma definitivos, y nadie, en ninguna fase de ese fantástico devenir, deja de ser un individuo autoconcentrado.
El feto posee su propia individualidad desde un principio, y en ningún momento, es realmente parte de la madre. La vida del embrión y la vida de la madre nunca coinciden ni se entremezclan. La nueva vida es independiente, aunque viva en parasito de la madre; benigno e inocuo parasito, que la dejara libre al término del desarrollo embrionario, abandonando su alojamiento una vez cumplido su cometido.
Aun cuando el embrión solo conste de tres o cuatro células, es una sociedad solidaria autoconcentrada, familiar y unitaria: una familia organizada de individualidad colectiva. La física trata necesariamente casi siempre con “Pluralidades”, pero la biología se enfrenta, en la mayoría de los casos a lo “Individual”.
Cuando Aristóteles, en su estudio de la Naturaleza viva, alcanza las infimas species, no ha llegado a un punto final científico, sino a un umbral que daba paso a otro problema científico. Aristóteles nunca perdió de vista la importancia capital del individuo. EL VIAJE CIENTIFICO NO TIENE FIN, solo hay etapas en las que el viajero se detiene para contemplar y examinar, y cualquier problema final existe únicamente en función de un problema previo que conduce al PUNTO DE PARTIDA DE OTRO.
Así, al descubrirse la evolución, se planteo inmediatamente otro interrogante “¿QUE ES LA VARIACION?
El ser humano es una familia simple de células organizadas, una familia tan integrada que no solo posee unidad estructurada, sino personalidad estructurada. Los actos de este conjunto celular son lo de un ser individual, unitario. Sin embargo, cada una de sus células constitutivas es una vida autónoma que se les arregla por si sola y se alimenta y respira por si misma, nacida aparte y destinada individualmente a la muerte.
Afirmar que las células de nuestro organismo constituyen una vida autónoma no es una simple frase. La CELULA, como componente del cuerpo, no solo es una unidad microscópicamente visible y delimitada, sino una vida unitaria que rige su PROPIA EXISTENCIA. Tal vez no se detecte al microscopio, y durante mucho tiempo se creyó que era un continuum, y que no tenían vida propia, pero la experimentación que, aunque se junten, no existe unión reciproca. Si por lesión o enfermedad se separa el componente celular de la unión con el resto, el componente se desintegra y se ve, como cuando se practica un corte con un cuchillo; el punto de unión de dos células individuales.
Toda célula es un sistema vital organizado, centrado en si mismo. NO puede llamarse “qua” sistema energético a la suma total individual que somos cada uno de nosotros. LA CELULA no es estrictamente un sistema fisicoquímico polifásico, cualquier gota de jalea compleja podría serlo; la célula es un sistema físico-químico polifásico íntegramente organizado. Por ello, responde a lo que se describe como “vida”.
A este intercambio equilibrado con el entorno, intercambio que se centra en la autonomía de la vida celular, es esencial una relativa plasticidad propia de cada célula. La ADAPTACION a la NATURALEZA y al ENTORNO es su condicionante vital. Cuando, como en el caso de los individuos pluricelulares, el entorno, el entorno celular consta de de otras células, la autonomía de cada una de ellas esta influenciada por las células próximas.
Pero esta dependencia y coordinación con las demás células y las modificaciones que ello supone, no deben hacernos creer que no posea una vida centrada en si misma. LA ESPECIALIZACION consiguiente es exponente de su autonomía. Suponer que se ha convertido en mera parte de otra vida, que no es la SUYA, es DESPRECIAR LOS HECHOS. Las CELULAS que componen el CUERPO aseveran la REALIDAD de su autonomía individual por su diversidad de modos de vida, pero siguen siendo vidas unitarias. Pongamos como ejemplo las fibras nerviosas de aspecto estático, altamente especializadas. Desde el punto de vista CELULAR, son una diminuta rama de una célula nerviosa “alejadísima”. Si las ROMPEMOS , la reacción nos demuestra inmediatamente que se ha lesionado la autonomía de la CELULA..
La FIBRA cortada de su célula MUERE, y la célula nerviosa alejadísima en que se originaba produce una nueva fibra para sustituirla.
O cuando se produce el nefasto CANCER, las células cancerosas que se originan en las células mamarias, hepáticas, o de cualquier otro tipo, se hacen activas e INDEPENDIENTES al punto de asemejarse a invasores parásitos del cuerpo. Si las contemplamos en un film en movimiento, en el que la dinámica orgánica se acelera 100 veces, casi podríamos decir que oímos como SE EMPUJAN y se ABREN paso entre las células normales mas “Tranquilas”. Es como si estuvieran poseídas por una especie de frenesí inconsciente, inconsciente porque, aunque animadas por una prodigiosa energía reproductora, similar a la de las células embrionarias, tanto ellas como lo que hacen son imprevisibles. Un MOMENTO SANO, todo responde a un PLAN. Los organismos pluricelulares, como nuestro propio cuerpo, son en origen unicelulares y, cuando se convierten en pluricelulares, el comportamiento de las células que los componen demuestra que todas, a semejanza de la CELULA-MADRE, siguen teniendo vida autónoma
|